top of page

Sin palabras, pero con sentido: Flow y la animación como experiencia inmersiva

 

La 97ª edición de los premios de la Academia cumplió un mes desde su celebración. No es un secreto que, desde los años 2000, los Oscar han experimentado un declive tanto en audiencia como en credibilidad, en gran parte debido a diversas polémicas y decisiones controvertidas en las nominaciones y premiaciones. Sin embargo, este año se sintió diferente. El notable reconocimiento al cine independiente, la mayor visibilidad del arte latinoamericano y la inclusión de géneros tradicionalmente ignorados, como el terror, hicieron que seguir la temporada de premios fuera emocionante. Ver a nuestros artistas, documentales y películas favoritas ser galardonadas añadió un valor sentimental a esta edición. 

 

Para muchos, el mundo del séptimo arte puede reducirse a una forma de entretenimiento; sin embargo, el cine trasciende esta frontera lúdica y se convierte en una herramienta pedagógica con un profundo impacto político. Desde la perspectiva de Dziga Vértov, director de cine vanguardista soviético del siglo XX, el cine no solo comunica, sino que moldea las estructuras simbólicas. A través de su concepto del cine-ojo, Vértov defendía que la cámara debía capturar la realidad de manera objetiva para revelar la verdad y generar una transformación social. En este sentido, el cine tiene el potencial de visibilizar problemáticas, documentar procesos de cambio y fomentar la concientización colectiva sobre el progreso y la justicia. 

 

Por supuesto, el objetivo de este artículo no es menospreciar el comfort cinema. En muchas ocasiones, nuestras rutinas, estilos de vida y la influencia de la publicidad y la propaganda nos conducen naturalmente hacia este tipo de cine, donde disfrutar de una película de superhéroes o una comedia romántica puede ser el plan ideal. Sin embargo, es fundamental reconocer la que, en mi opinión, es la película más significativa de 2024 y una de las más trascendentes en el espectro mediático hasta la fecha, gracias a su impacto cultural: Flow. Este largometraje independiente animado de fantasía y aventura, de origen letón y dirigido por el cineasta Gints Zilbalodis, narra la historia de un gato solitario que, tras un devastador desastre natural, se embarca en una travesía de supervivencia. A lo largo de su viaje, deberá aprender a trabajar en equipo con otras especies para enfrentar los desafíos del nuevo mundo que lo rodea. 

 

Según el guionista y productor mexicano Guillermo del Toro, la animación no es solo un género dirigido a audiencias infantiles, como se le ha asociado históricamente, sino un medio con un potencial narrativo inmenso, capaz de transmitir ideas profundas, hermosas y dolorosas de manera más adulta. Para él, la animación es un espacio de creatividad ilimitada que permite narrar y recrear realidades inexistentes, una filosofía que Flow abraza por completo. Esta película fue creada con Blender, un software libre y de código abierto, su equipo de producción tardó cinco años y medio en completarla, desde la construcción de la historia y la atmósfera hasta la renderización final. Con un presupuesto de solo 3.5 millones de euros—una cifra ínfima en comparación con los robustos presupuestos de gigantes como Disney, DreamWorks, Pixar o Blue Sky—, Flow destaca no solo por su audacia técnica, sino por su capacidad de ofrecer una experiencia visual y narrativa única, alejada de la hegemonía de las grandes productoras. 

 

Gracias a su innovador método, Flow fue nominada en dos de las principales categorías de los Premios Oscar del 2024: Mejor Película de Animación y Mejor Película Internacional. No solo se consolidó como la favorita a nivel mundial, sino que además se llevó el galardón a Mejor Película Animada, superando a las grandes apuestas de la industria hollywoodense: Robot Salvaje e Intensamente 2. Su impacto en la temporada de premios fue arrollador. Flow también ganó el Globo de Oro en la misma categoría y acumuló un total de 124 nominaciones y 78 premios, convirtiéndose en una de las películas más reconocidas del año. En términos numéricos, solo fue superada por Anora (142 premios), La Sustancia (133 premios) y Emilia Pérez (119 premios, aunque con una recepción más cuestionable).  

 

Más allá de los premios, el éxito de Flow situó a Letonia en el centro de la agenda cultural global. Este país, de perfil relativamente bajo en la industria cinematográfica, vio en la película un motivo de orgullo nacional. Su protagonista, el gato, se ha convertido en un verdadero ícono, representado en murales, estatuas y afiches por toda la nación. Además, los trofeos obtenidos—incluyendo el Oscar, el Globo de Oro y el Premio a la Academia del Cine Europeo—se exhiben en el Museo Nacional de Arte de Letonia, donde cientos de personas hacen fila para contemplarlos. Sin duda, un hito para la animación y un regalo para quienes celebramos el cine inspiracional.   


Foto tomada de: La Cinestación.  


Foto tomada de: MSN. 

 

No obstante, más allá de enaltecer sus logros en el medio, considero imperdonable no destacar los elementos que sustentan su arrollador éxito. Porque, más allá de la fama, Flow posee una cualidad enigmática: su capacidad de despertar una profunda reflexión en el espectador, al punto de transformarnos, por cliché que suene, en mejores seres humanos. Su magia radica en un matiz sencillo pero poderoso: además de desafiar el monopolio de la animación, rompe con la tradición de las películas sobre animales al despojarlas de su habitual humanización. Durante sus 105 minutos de cortometraje, no hay una sola línea de diálogo hablado. Los productores recurrieron a sonidos reales de animales, siguiendo la visión del director de demostrar que un mensaje puede transmitirse sin necesidad de palabras. Más aún, la película confía en que los espectadores pueden comprender las acciones naturales de los animales, tal como lo hacemos en la vida real, sin que estos deban adoptar nuestro lenguaje.  

 

Zilbalodis utilizó los sonidos de sus propias mascotas para representar al gato y al perro, mientras que para especies más complejas acudió a un zoológico local en Letonia. Entre los casos más curiosos, debido a que el chigüiro no emite un sonido característico, se tomó como referencia el balido de un camello bebé. Del mismo modo, para la imponente ballena de la película, se emplearon sonidos de un tigre con problemas respiratorios. Esta creatividad sonora permitió que el mensaje de Flow llegara al espectador de una forma cruda y devastadora, pero al mismo tiempo, profundamente hermosa. 


Foto tomada de: La Cinestación. 

 

En segundo lugar, siguiendo la línea del meticuloso enfoque de Zilbalodis para afianzar cada detalle de la película, destaca la conexión genuina y auténtica que construyó con sus seguidores a través de las redes sociales. Desde compartir reacciones y fanfics en las cuentas oficiales de la película hasta responder dudas del público sobre la trama, el director convirtió la interacción digital en una extensión de la experiencia cinematográfica. Su presencia en redes no solo fue constante, sino también cercana y espontánea: en múltiples ocasiones publicó fotos celebrando sus victorias con comida rápida estadounidense—o consolándose con helado tras una derrota—, compartió memes, mostró detrás de cámaras, lanzó críticas indirectas a la utilización de IA y a la polémica Emilia Pérez, e incluso interactuó activamente con fans latinos. Todas estas acciones contribuyeron a que no se sintiera como una figura distante, sino como un amigo más dentro de la comunidad cinéfila.  

 

Asimismo, su confesión sobre la inspiración detrás de la película resulta fascinante: Conán, el niño del futuro, un clásico de la animación japonesa dirigido por Hayao Miyazaki y una de las joyas de Studio Ghibli. Esta serie narra las aventuras de un niño, su abuelo y una niña rescatada en un mundo postapocalíptico asolado por la guerra, donde los sobrevivientes deben adaptarse a la vida en islas tras el cataclismo. Esta referencia fue el punto de inflexión para la creación de Flow, un detalle que sin duda representa un plus para quienes apreciamos las producciones de Ghibli. 


Foto tomada de: Instagram flowmovie 2024.  

 

Por supuesto, toda esta reflexión y celebración serían incompletas sin abordar las críticas centrales de la película: trabajo en equipo, interdependencia, medio ambiente, cambio climático, ecologismo y animalismo. Cada animal en la película encarna un significado simbólico: el gato representa el miedo al cambio y la desconfianza; el perro, la confianza y la amistad; el chigüiro, la paz y la diplomacia; el lémur, la reserva y el temor a lo desconocido; el ave secretaria, el liderazgo y la autoridad; la ballena, el miedo del gato y la misticidad; el ciclón de venados, el riesgo y la advertencia; y la manada de perros, las dificultades y los obstáculos. En este universo postapocalíptico, donde la humanidad ha desaparecido y la naturaleza se impone con una crudeza abrumadora, los animales enfrentan condiciones extremas que los obligan a superar sus diferencias y a cooperar para sobrevivir.  

 

No se trata de un simple mensaje woke, sino de una advertencia sobre las devastadoras consecuencias del antropocentrismo: la arrogancia humana ha llevado a la extinción de su propia especie, y, sin embargo, la vida sigue sin ella. La película no busca humanizar a los animales, sino recordar que la naturaleza jamás ha dependido de nosotros para existir. Asimismo, nos confronta con la magnitud de nuestra influencia en el entorno, la huella ambiental que dejamos y la ignorancia deliberada frente al irreversible deterioro de la madre naturaleza, consecuencia directa de la supremacía humana sobre el ecosistema. 

 

La manera en que se plasmaron estos elementos resultó en una experiencia desoladora para muchos de nosotros como espectadores, tanto en cine como en streaming. La carga emocional que generó, durante y después de verla, al menos desde mi perspectiva, fue abrumadora, al punto de que recordarla semanas después evocaba en mí un llanto automático. Sí, es una película triste, pero no en un sentido desesperanzador, sino en uno metafísico y espiritual, que toca el alma y te confronta con el valor de tus acciones, con tu impacto—positivo o negativo—en el mundo. Y aunque esto pueda parecer incomprensible, no es un fenómeno aislado: hasta la fecha, la adopción de gatos negros ha crecido exponencialmente a nivel mundial (pese a que el director aclaró que el protagonista es de pelaje gris). Seres que, debido a la cultura popular y a una visión cristiana y esotérica marcada, fueron de manera equívoca asociados con la mala suerte, el mal agüero y otras supersticiones absurdas, lo que los convirtió en los menos preferidos al momento de adoptar y en los más vulnerables durante Halloween. Este fenómeno, que pocas películas han logrado provocar en el subconsciente colectivo, sumado a todas las razones anteriores, convierte a esta obra en mucho más que un hito de la animación: es un impacto de transformación social inigualable. 

 

De este modo y para concluir, Flow encarna una crítica que resuena profundamente con la teoría de la Escuela de Frankfurt sobre la industria cultural. Autores como Adorno y Horkheimer advertían que el cine comercial, subordinado a la lógica del mercado, homogeniza el pensamiento y reduce el arte a mercancía, neutralizando su potencial crítico. En contraste, la propuesta de Zilbalodis rompe con esta lógica: al margen de la maquinaria hollywoodense, su película desafía a la élite del entretenimiento prefabricado y recupera el valor del cine como experiencia estética y reflexión social. Flow no solo interpela nuestra relación con la naturaleza y la interdependencia, sino que también evidencia que el cine, cuando escapa de las fórmulas impuestas, puede volver a ser un espacio de resistencia y pensamiento crítico, alejándose de la alienación y devolviéndonos la capacidad de asombro. 

 

Foto tomada de: infobae


Referencias: 

 

  • Cambio Colombia. (2025, marzo 12). Flow: la película animada que se proyectará en la Cinemateca de Bogotá y que ha sido galardonada rumbo a los premios Oscar. Cambio Colombia. 


  • CIF MEDIA. (2022, 1 de noviembre). [La animación es #artes. No sólo para niños] [Video]. TikTok. 


  • Cruz, A. (2025, enero 7). ‘Flow’: Final explicado de la película animada que nos deja sin aliento. Cultura Colectiva. 


  • Flow Movie 2024. (s.f.). Instagram [Perfil de Instagram]. Recuperado el 30 de marzo de 2025. 


  • Horkheimer, M., & Adorno, T. W. (2002). Dialectic of Enlightenment. Stanford University Press. 


  • Infobae. (2025, 3 de marzo). Flow: ¿qué significado tienen los animales de la película ganadora del Oscar? Infobae. 


  • La Cinestación. (s.f.). Facebook [Página de Facebook]. Recuperado el 30 de marzo de 2025. 


  • Movie Trailers LA. (2025, marzo 14). [Películas más galardonadas de todo el año] [Publicación en Facebook]. Facebook. 


  • Periódico El Comercio. (2025, marzo 7). El sonido del capibara y otros secretos de 'Flow', la película que se llevó el Oscar 2025. El Comercio. 


  • Tecnológico de Monterrey. (2025, marzo 7). ¿Por qué la película Flow hizo historia en el mundo de la animación? Conecta Tec. 


  • Vértov, D. (1984). Kino-Eye: The Writings of Dziga Vertov (A. Lawton, Ed. & Trans.). University of California Press. 


  • Zilbalodis, G. (s.f.). X (Twitter) [Perfil de X]. Recuperado el 30 de marzo de 2025. 

 

Comments


bottom of page